EL ARTE Y LA ENERGIA
El ser humano que desee vivir de
acuerdo con los tiempos actuales debería saber que todos los procesos en que
participamos, todos ellos, se hacen a base de energía, afectan a nuestra propia
energía y acaban afectando a la energía de los demás.
Utilizando el lenguaje científico
diríamos que la energía es el parámetro fundamental de todos los procesos.
La energía es única, como el
Universo es una unidad a pesar de que también podemos identificar diferentes
objetos en su seno. El ser humano con sus creaciones es otra subunidad del
Universo como lo es la sociedad de la que forma parte.
Cuando nos desplazamos o cuando
se nos informa sobre sucesos ocurridos en otros continentes nos damos cuenta
que la misma noción de espacio o distancia se diluyen. Asumimos, incluso sin
darnos cuenta, que los lugares ya no están cerca ni lejos. Todo depende de la
energía de que disponemos para desplazarnos de un sitio a otro. Por ello en vez
de hablar de espacio, que no deja de ser un concepto absoluto, deberíamos
hablar en términos de Sensación Espacial pues el estar cerca o lejos sólo
depende de la percepción. De la misma forma entendemos que el tiempo no es otra
cosa que una medida de la energía invertida en cualquier proceso vital, es
decir, también deberíamos hablar en términos de Sensación Temporal.
El cambio de posición ha sido
descrito hasta ahora desde el punto de vista de la dinámica: necesitamos una
potencia para mover el avión que nos transporta. Esta
visión superficial olvida incluso una vieja afirmación
aristotélica: ”no se puede separar el movimiento del cuerpo movido“. En efecto,
los cambios de posición provocados por la energía son meros procesos asociados
a cambios en el seno de los cuerpos y ,por tanto, repercuten en las frecuencias
de emisión de los mismos. De nuevo la energía aparece en la percepción pero
ahora a través de los cambios inducidos en los cuerpos.
El concepto de percepción es
mucho más amplio de lo que se ha considerado hasta ahora pues, al margen de la
conciencia que tengamos de ello, la realidad es que percibimos energía y somos
extremadamente sensibles a cualquier campo de energía creado por nosotros o por
el entorno.
Estas ideas básicas tienen plena
vigencia en el campo del Arte. Veamos algunos ejemplos:
Dentro de un edificio, o dentro
de un escenario, percibimos de forma global el espacio interior a través de la
vista y del oído. Tenemos una Sensación Espacial que depende de dos parámetros:
el primer parámetro es la potencia por unidad de superficie de las ondas
percibidas, es decir, baja frecuencia
para la percepción acústica y alta frecuencia para la percepción visual.
El segundo parámetro es la distancia a la que se encuentran las superficies
emisoras o reflectoras del sonido o luz. En último término el estímulo de esta
sensación es la potencia emisora o reflectora de las superficies del recinto,
similar resultado a la potencia del coche o avión que nos facilita los
desplazamientos en los viajes. Es la visión más superficial de la Arquitectura.
Cada una de las formas
arquitectónicas tiene asociada una energía interna que podemos llegar incluso a
evaluar. Por ejemplo, compartimos, por haberlo comprobado, la visión
cualitativa de Leonardo Da Vinci cuando asociaba los sólidos platónicos con la
energía de los diferentes estados de la materia: cubo es tierra (sólido),
icosaedro es agua (líquido), el octaedro es aire (gas), el tetraedro es fuego
(plasma) y el dodecaedro es el cosmos. Es decir, una forma arquitectónica
(material + geometría) crea campos en su interior que afectan a las personas
que moran en ella. Sus efectos serán más beneficiosos en la medida que
contribuyan a incrementar su percepción (vidrio, transparencia) y su campo
magnético interior (materiales conductores a compresión).
Pasemos del volumen funcional al
plano. En pintura podemos hablar de dos estímulos. El primero, si existe, es la
interpretación de las sensaciones asociadas al tema figurativo. El segundo
estímulo, que vamos a comentar con más detalle, y aparece siempre, es el efecto
sobre nuestra mente de la radiación
emitida por la superficie, es decir, la radiación de la geometría + color + luz.
La primera descripción de este estímulo
corresponde al concepto de Sensación Espacial pero, al profundizar más,
comprobamos que percibiendo el ojo la superficie como una unidad, no deja de
analizarla para extraer un conjunto de frecuencias, estimuladoras cada una de
ellas de las diferentes sensibilidades contenidas en nuestra mente.
Finalicemos este breve resumen
comentando la danza:
El escenario con sus luces,
formas y colores crea una sensación espacial visual
matizable por las luces de la tramoya o eliminada de forma
drástica al concentrar los focos sobre los bailarines. La música contribuye a
la percepción espacial del recinto, sin contar el estímulo creado por cada una
de las frecuencias correspondientes a las notas emitidas. El movimiento se
coordina e integra en el ambiente.
En la danza identificamos un
primer estímulo en el espectador que entiende el significado del lenguaje
corporal integrado. Pero además, y al margen del anterior, el espectador
percibe los estímulos asociados al movimiento. Cambios de posición, cambios de
forma, etc. son percibidos como campos de energía por el espectador. Por
ejemplo, si el espectador observa el giro de un cuerpo también podría saber de la
generación de un campo magnético en los bailarines que les da energía e incluso
les ayuda a concentrarse. Los movimientos (traslaciones o giros) iniciados
bruscamente, es decir, las fuertes aceleraciones, exigen consumos de potencia
muy elevados que también son percibidos por el espectador, etc. Finalmente otra
forma de describir el movimiento es a
base de continuos cambios en el sistema de referencia para el mismo espectador
lo cual también exige el recurso a la energía.